Looking Glass
Entre mas cambian las cosas más siguen iguales. No, momento...
ése es un dicho en inglés. ¿Acaso importa? Con una pata de
Pielroja en la mano a medio torcer, Gillespie jamás me reconocería,
pero en el bar el tarado que toca el piano sólo sabe de percusión y yo
ya no sé nada. Hablo y golpeo a través de un condón, soy tan
pequeño y frenético. No, todavía ese no eres tú. Demonios, Hijo de
Puta le temes a Indonesia y a la propia caña de azúcar, él bebe
esmeralda líquida y sus ojos son ojos grises y rojos, llorosos de humo
dulce y tos convulsiva. Si tú suspiras me encontraré de nuevo en
Pot City, sin las canciones y con lo que no ha sido reparado y
todavía sangra haciéndonos sentir vivos y rencorosos, tú te quemas
y yo cierro los ojos a la inmensidad orgásmica de la forma pura.
Mi búsqueda sólo produce padrastros en las uñas y manchas entre los
dedos, tinta y tabaco del mismo color, fundidos y matados, matándome
mientras contengo la respiración una vez más cuando llueve afuera, el
aire sigue tibio y tu respiración se escapa de mis labios. Sólo quedan
las mejillas húmedas y el vaho de tu aliento rodeando esa noche
bajo la luna parda de Santa Fe.

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