lunes, julio 11, 2005

Paréntesis

Cuando la ciudad es inmensa, la mente no puede atraparte y los mismos aromas ahogan cada momento de respiración, no hay cenizas ni deseperación para cubrirte, crudo te apareces ante mi, maldito Ymer ¿Por qué no mueres? aquí ya no tiene ningún sentido, simplemente pones una canción de Julio Iglesias y me entiendes... ¿no? La tentación de lo kitsch se pierde entre la sensación de la forma pura, y el mensaje no te lleva nada que no sepas ya, persiguiéndote entre cafés, librerías y plazas empedradas te veo y me hablas, pero no estás ahí, el temor hala los pelitos de la nuca y duele, te veo sin máscara y me engaño una vez más para no verme en ti, maldita imagen y ridículo recuerdo cuando la mano toma otra y nace un nudo de sábanas cuando afuera llueve y el maloliente polvo que sale del culo de una tonelada de latas es castigado contra el pavimento roto y se levanta ligeramente entornando los ojos hacia el último piso, pero tú y yo somos etéreos mientras duermo bajo tu pelo, intoxicado con la absenta que no había probado y sin necesidad de apagar el cigarro en mi pecho, gusanos y mariposas hacen el encanto de una tarde gris cielo y azul pared, de pronto abres la puerta y ahí estás hermosa esperándome con el cabello húmedo y piel de ébano, marfil y aire chispeante como hojaderey en primavera y de nuevo tu sombra borrosa en la pared azul se disuelve, dejándome exiliado, solo y vacío en Santa Fe.

Maldición.

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