No tosa
El muerto se levanto y se sacudio la tierra que le quedaba debajo de los ojos. Le costaba trabajo parpadear, pero despues de un rato de intentar recordar el uso de los ojos pudo enfocar un olivo contra una noche azul.Le arranco una hoja mientras se intentaba arreglar el nudo de la corbata. Se pregunto que tanto tiempo habria pasado, y le fastidio por un momento pensar en Rip van Winkle, ante todo por el apellido holandes. Sin duda era una especie de propaganda disenhada para hacerlo sentir mal por no levantarse vivo, como muchas personas seguramente lo lograron al mismo tiempo, incluyendo ese holandes detestable. No, no era holandes, seria algun tipo de Pennsylvania Dutch, que son peores.
Lo tranquilizo el sabor de la hoja que se echo a la boca, pues no noto nada fuera de lo normal, nada diferente al olor de la podredumbre que olia con el fondo de la garganta. Ya sereno, se pregunto si la falta de un corazon latiente tendria algo que ver con el funcionamiento de los lacrimales. Intento pensar en masacres, en mascotas muertas, amigos atropellados y novias suicidas (excepto esa que rompio con el despues de una semana, Eva se llamaba) pero no pudo llorar, no porque no se entristeciera, mas bien porque ahora que se sabia muerto, la conciencia de las muertes de otras personas le causaban sentimientos de solidaridad, a lo mas.
La incapacidad de llorar fue lo primero que le gusto de estar muerto, no habria mas escenitas de divorcios y peliculas tristes y noticieros y periodicos vulgares que terminan en llanto y arrepentimiento. Se pregunto si seria capaz de sentir arrepentimiento, si trazas de una ley moral existia en el.
Hasta el amanecer estuvo preguntandose lo mismo de mil distintas formas, hasta llaegar a la conclusion que efectivamente la Ley Moral se moria con el cuerpo. Asi, como el corazon y los mocos, se habia ido su capacidad de arrepentirse.
Despues de cortarse las unhas con los dientes, decidio ir a buscar un trabajo para poder comprarse un cinturon de piel de serpiente que habia visto justo el dia antes de morirse. Le dolio pensar en su falta de dinero, pues en su pueblo lo primero que repartian era los bolsillos de finado entre los allegados, familiares, primos lejanos y tias bigotudas.
Se peino infructuosamente con la mano, a falta de fluidos que hicieran la vez de agua, gel y brillantina y disimulo la muerte en su cara echandose agua de un charco cafe y multicolor. Lo alegro no tener que tomarse esa agua, pensando en que si estuviera vivo tendria muchisima sed, y peor hambre. Por eso cuando paso al frente de una polleria no se le hizo la boca agua, aunque instintivamente se esculco los bolsillos -o lo que quedaba de ellos- para completar los dos mil pesos que costaba el cuarto de pollo, usualmente una pierna y la rabadilla.
Suspirando tierra, se echo en el pavimento de la calle principal a cuatros pasos largos de un senhor que vendia perros calientes, tras pedirle un vasito. Al caer la noche tenia si mucho diez mil pesos, lo cual lo enojo mucho tras pensar que despues de comer no tendria nada para gastar, y menos en el cinturon de piel de culebra. Se rio un rato despues contandole el cuento a una puta que no sintio su olor, y que acomodandose su cachuca pacientemente se comia un perro caliente mientras el muerto le contaba sus peripecias del dia.
Callandose un momento, se dio cuenta que al menos todavia se le paraba al ver una puta buenona, con lo cual se levanto, dio las buenas noches y camino hacia la catedral.
Siempre se habia preguntado si de verdad esa vaina de la extremauncion era tan necesaria. Afortunadamente la catedral estaba abierta todavia, y temeroso acerco un menhique a la entrada de la izquierda, la de los enfermos a ver si de pronto se consumia en llamas. Sintio un toteo y se soplo los pelos chamuscados del brazo mientras se le ocurria como hacer salir al cura para ofrecerle diezmil pesos por un tarrito de incienso y una extremauncion en muerte.
Afortunadamente un loco muchisimo menos muerto que el paso repartiendo besos al frente de la iglesia, jurando que tenia una botella de agua bendita guardada en el sobaco, Efectivamente no movia mucho el brazo izquierdo, por lo cual un poco asqueado el muerto le recibio un beso a cambio de la botellita, que era mas bien una lampara de aceite muy pequnha, un poco sucia.
A falta de panhuelo se rego el contenido infimo de la tetera, y despues de unas buenas dos horas de retorcerse en el pavimento y reunir la crema y nata de los espectadores de las dos de la manhana del parque central, se sintio lo suficientemente santo como para comulgar y subir al cielo, pero despues de comprar el cinturon de piel de serpiente.
Al otro dia se desperto de mal genio porque el sol de mediodia le daba en la cara, y obviamente no lo habia despertado a las siete, como esperaba vanamente. Al final del dia tenia cinco mil pesos, un boton y un paquete de papas que le regalo a la puta de la cachucha a cambio de su numero de telefono.
Se fue a dormir despues de comprarle un reloj despertador de dudosa procedencia al senhor de los perros calientes gastandose dos mil de los quince mil que ahorraba para un tarro de perfume y un cinturon de piel de serpiente, porque no queria entrar a la tienda de cinturones oliendo a puta y a perro caliente.
Entre suenho y suenho se le ocurrio que iba a probar asustar a la gente para reunir el dinero mas pronto -la gente le tiene miedo a los muertos, despues de todo. El problema es que el no era un muerto muy convincente: lo frustraba mucho el hecho que despues de su orgia de ua persona con el agua bendita del mendigo marica habia dejado de oler un poco menos fuerte que cuca de puta, de hecho olia exactamente a periodico, puta y perro caliente.
Si, el periodico habia sido otro episodio molesto del dia anterior, tuvo que pegarle un mordisco a un perro que diligentemente llevaba el periodico desde la farmacia hasta las chancletas de su duenho dos cuadras abajo de la catedral. Si cuando se sacudio la tierra de los ojos penso que ya no iba a volver a sentir frio, estaba muy equivocado: el dia anterior se habia despertado en medio de la noche tiritando como el dia en el que perdio la virginidad con una amiga de su tia abuela casi sobre las gallinas del patio de la casa de su bisabuela, que no veia mucho pero que a cada rato preguntaba por los ruidos raros de ese dia. La bisabuelita no se habia querido morir, pero el estaba seguro que si los ponian lado a lado en una sala de velacion, primero le habrian hecho resucitacion a el.
Con ese pensamiento macabro se durmio, pensando en gastarle la broma a la puta de la cachucha, al senhor de los perros calientes y al perro diligente justo al otro dia.
Una semana despues, con quince mil pesos en el bolsillo maldijo el dia en que se le olvido que todos los vivos saben que los muertos no necesitan plata, por mas que quieran verse bien y oler sabroso el dia de comulgar y subir al cielo. Porque habia acabado raspando fosforos despues de dos horas de pesadilla en la morgue municipal para no perder la sensacion de los pulgares (los unicos dedos realmente valiosos).
No la perdio, pero ya habian pasado tres dias desde que se sacudio la tierra de los ojos y otra vez estaba sin un peso gracias a la puta de la cachucha, que hasta pago el taxi para llevarlo al hospital cuando creia que el muerto estaba muerto -logico, con la plata de el.
Por eso le dio mas bien pena ir a reclamarle a la puta de la cachucha y al senhor de los perros calientes, por lo que escogio otro sector con menos putas y perros para pedir plata, en frente al casino Tiovivo, que por coincidencia habia pertenecido a un tio suyo, muy vivo hasta el dia que los conservadores se metieron macheteando paisanos de cachetes rojos. Afortunadamente el no tenia muchos cachetes rojos despues de muerto, por lo que el senhor conservador de abrigo largo y pelo alborotado en vez de sacar una Luger al verlo, saco un billete de veintemil y lo froto contra la calva del muerto: cuestion de suerte.
El senhor de pelo alborotado, abrigo largo y bigote de Kazakh habia ganado millones esa noche con el billete untado de calva, y al salir de mano con una mesera le arrojo un fajo de dolares a la calva, y le pidio con Luger en mano que la proxima vez estuviera ahi, y que menos se le ocurriera fallarle.
El muerto no se asusto tanto por la Luger sino por los dolares que cualquier puta le habria podido quitar solo con gritar Este tipo se murio. Afortunadamente habia decidido ya hace rato esconder su identidad de muerto, por eso de los impuestos. Durmio caliente esa noche con una edicion especialmente gorda de Metro, y al otro dia se fue temprano a cambiar el fajo de billete de dolares, que terminaron siendo veintisiete de un dolar y uno de dos, que no le quisieron cambiar mientras lo miraban raro.
Conto la plata que habia cambiado y la midio con la que habia ganado los dias anteriores -evitando al maximo comprar puchos- y decidio que era hora de ir a la tienda de ropa, como ya no olia a puta y a perro caliente, a periodico y a perro, penso que ya no necesitaba el frasco de perfume, si mucho olia a ceniza y periodico: nada anormal para un tipo medio andrajoso que parpadea mas de la cuenta.
De camino a la tienda recogio un sombrero que se le habia volado a algun cristiano montado en el tranvia y habia pasado desapercibido al bobo vestido de azul que perseguia los rieles y de daba paquetes de papas al muerto todos los jueves. Se levanto el sombrero para saludar a la puta, que le mando un beso baboso por el aire, y le hizo pistola a lo lejos al senhor de los perros calientes, quien le respondio con un gesto que seguramente solo lo entendio la puta de la cachucha, que solto una carcajada etilica. el muerto se encogio de hombros, pateo al perro diligente y le quito el periodico de la boca, se sacudio mas tierra de los ojos y rezo un avemaria mientras caminaba las dos cuadras que habia entre la iglesia y la tienda de ropa.
El duenho de la tienda de ropa, un senhor de abrigo largo, pelo alborotado y bigote de Kazakh lo recibio con una Luger y lo mato a tiros.
Y el muerto no se fue al cielo.
Amen.

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